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Al cumplirse diez años de su muerte.
La princesa que quería vivir

Lady - Di fue la reina de corazones, la mujer que más portadas de revistas ocupó durante dos  décadas. Su belleza, su dulzura, su elegancia y esa mágica empatía con el pueblo, la convirtieron más que una princesa, en una super star.
Desde su matrimonio con el príncipe Carlos,  el 29 de julio de 1981, cada movimiento, cada gesto y cada acontecimiento de su vida fue parte de
las primeras planas de los diarios del mundo.

Este  30 de agosto se cumple diez años de ese fatídico accidente en el Túnel del Alma de París,  en el que acompañada de su pareja Dodi Al Fayed,  viajó rumbo a la inmortalidad.

Su muerte generó una histeria colectiva. Millones de británicos  inundaron la entrada del palacio de Kensington con toneladas flores, peluches y postales con mensajes de cariño para Diana y frases envenenadas hacia la familia real.

Las lágrimas de los flemáticos británicos durante el funeral en Westminster contrastaron poderosamente con la fría actitud de la familia real, que ni siquiera se tomó la molestia de suspender sus vacaciones estivales en el palacio de Balmoral, en Escocia.

Aunque Diana ya no era princesa de Gales, la realeza tuvo que tragarse el sapo de  reinvindicar su imagen en un mensaje televisado por la reina Isabel II dos días después del fatídico accidente. Paradójicamente la realeza tuvo que reconocer,  en el interior de sus vetustos castillos, que el mundo había cambiado, que la muchacha a quien consideraron tonta y tímida (y por tanto, un buen partido para su heredero), había terminado por tambalear los sólidos cimientos de la Monarquía británica. 

El impacto mundial que tuvo la desaparición física de Lady Di, desencadenó el fenómeno social de la "Dianamanía". Lady Di desapareció físicamente para siempre, pero su imagen de juventud y belleza siguió perenne en memoria de miles de admiradores. Su prematura  muerte la ha alzado a los altares de otros íconos de la sociedad que tuvieron el mismo final trágico, como Marylin Monroe,  James Dean o Elvis Presley.

Pero Diana, ya era una celebridad en vida.  Fue objeto continuo de la atención de millones de seguidores y tema recurrente de la llamada "prensa rosa". Todas sus apariciones en público recibieron un tratamiento especial por parte de los medios de comunicación. Su peinado y su modo de vestir fueron imitados hasta la saciedad. Según la revista Majesty, Diana generó cerca de quince millones de libras en publicidad a los fabricantes de los artículos que utilizaba.

Hoy la tumba de Diana  recibe visitas diarias de dos mil personas.  La canción “Candle in the wind”, de Elton John, amigo personal de la difunta, fue todo un éxito y los conciertos de rock del 2002 en honor de la princesa malograda Gales batieron récords de ventas y teleaudiencia .
Si bien el pueblo, la adoraba, su entorno familiar la cuestionaba. Nunca fue feliz en su matrimonio, así lo confesó en la famosa entrevista que le hizo la  BBC de Londres en 1995. “Siempre fue un matrimonio de tres, y eso era ya una multitud”, sostuvo.

El fracaso matrimonial de Carlos y Diana  se destapó en la publicación del  libro de Andrew Morton  “Diana, su verdadera historia”, donde se confirmaba la relación clandestina de Carlos con su vieja amiga  Camila Parker Bowles.

La crisis, las separaciones hicieron que Diana también terminara involucrándose en una serie de relaciones extramatrimoniales, entre ellos  James Gilbey, Barry Mannakke, Philip Dunne, Oliver Hoare y James Hewitt y Dodi Al Fayed.

La cuestionada vida sentimental de la pareja real desató una auténtica guerra de acusaciones mutuas entre los defensores de la princesa y la casa real británica. El matrimonio se rompió de forma definitiva en marzo de 1994.

Pese a  las relaciones adúlteras de Diana, la gente no dejó de quererla y hasta la consideraron una víctima de los engaños de su marido. Pero lo que más dejó huella en el corazón de sus súbditos, fue la lucha de Diana por los enfermos de SIDA y  su campaña contra  las minas antipersonales.

Diana fue una de las pocos miembros de la realeza que puso en venta los vestidos y trajes utilizados en sus pasados compromisos oficiales para reunir fondos de caridad. En ese momento aseguró "Nada me da hoy tanto placer como poder".

Y es que en el fondo esa niña rica desdichada encontró en el pueblo una simbiosis de atención. Ese encuentro permitió que ambos satisficieran sus necesidades de ser valorados y aceptados. Pero también otro favor poco reconocido. Y es que  Diana logró en un momento que el pueblo volviera a confiar en la monarquía,  a creer que esa vetusta aristocracia podía salir de los altos muros de Buckingham para mirar el rostro de sus súbditos, sin protocolos, sin sonrisas oficiales.

 


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